lunes, 8 de noviembre de 2010

Gabriel García Márquez, ochenta y tres años de soledad.....

La soledad



Los primeros relatos de Gabo se escribieron a deshoras en las redacciones de 'El Universal' y 'El Espectador', cuyo ambiente de agitación no restaba un ápice al sentimiento de soledad.




Estos ochenta y tres años de soledad de Gabriel García Márquez se le han hecho sin duda más llevaderos gracias al soplo mineral -"terco y profundo", como lo califiqué en su día- de su mujer, Mercedes Barcha, que le guardó la ausencia en la juventud, cuando Gabo emigró a Europa para ganarse la vida cantando boleros en el Barrio Latino de París. Mercedes padece, aun más que su marido, la pasión por las conspiraciones, amorosas, literarias, políticas o de cualquier otro género, y ambos disfrutan procurando con ellas el bien de los demás. La Gaba es el contrapunto férreo, definitivo y sólido con que ha contado García Márquez desde que era un adolescente. Es imposible imaginarse al uno sin el otro, y su historia común resulta aún mucho más tierna y convincente que la de los tiempos del cólera, inspirada en los amores juveniles de los padres de Gabo. Cartagena de Indias, sede del próximo Congreso Internacional de la Lengua Española, es el escenario mágico y real en donde se desarrolla la novela de referencia y va a ser también el lugar donde el conjunto de Academias de nuestra lengua, junto a una nutrida representación de la vida científica, literaria y política iberoamericana, rinda homenaje a la lucidez y el entusiasmo vital de un Gabriel García Márquez octogenario. Allí va a presentarse ante la comunidad internacional una edición especial de Cien Años de Soledad, corregida de puño y letra por el autor, que ha fijado definitivamente el texto de la novela. Es la segunda entrega de una saga que comenzó con la edición conmemorativa del cuarto centenario del Quijote y que aúna así, bajo un mismo sello y con idéntico énfasis, las dos obras más legendarias, las más difundidas y elogiadas, de cuantas se han escrito en toda la historia de nuestra lengua. Álvaro Mutis, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes son los prologuistas de lujo elegidos para la ocasión. Los tres han jugado un papel singular en la vida de Gabo, como escritores y como personas. Su conjunción en este aniversario nos trae a la memoria los buenos tiempos del boom de la novela latinoamericana cuando, hace más de cuarenta años, los españoles aprendimos, gracias a los escritores de la otra orilla del océano, las lecciones morales y estéticas que nos vetaba el franquismo. Pudimos de ese modo rebelarnos contra el aislamiento de nuestra propia estirpe, condenada, como la de Aureliano Buendía, a la soledad perpetua dictada por el gesto adusto y miserable del poder.

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